Ante el maltratador, tolerancia cero. Ministerio de Igualdad

La violencia de género es un problema complejo que sólo podremos resolver si toda la sociedad toma partido. Las mujeres muertas son la punta de un iceberg que se hunde en las profundidades de la educación recibida, los usos sociales tolerados y las creencias personales de cada uno. No distingue entre clases sociales, geografías o niveles de educación.

El maltrato es un proceso de control y destrucción progresivo. Empieza desconectando la víctima de sus familiares, amistades y redes de apoyo y socialización. El control. Sigue con la presión y la violencia verbal para hacer sentir a la víctima en tensión permanente, inútil y aislada lo que provoca una perdidad de la autoestima. Acaba en violencia, alguna cotidiana y escondida, otra trágica e irreversible. Antes de una muerte hay, como media, ocho años de convivencia enrarecida.

La Ley Integral contra la Violencia de Género (1/2004) generó ya en la discusión previa a su aprobación un gran debate social al respecto. Las estadísticas muestran que la discusión social y la comunicación ayudan a poner el tema en la agenda ciudadana. La ley, sobre todo, puso los instrumentos legales y policiales para ayudar a las víctimas que los solicitaran y persistieran en su denuncia.

El encargo del Ministerio era aislar socialmente al maltratador.

Aunque existen estudios sobre este tema, no nos fueron en este caso de mucha utilidad. Las estadísticas y el análisis principalmente de las víctimas mortales no aportaban mucha información relevante sobre cómo prevenir el problema, dotar a las mujeres de la fuerza para romper su aislamiento o invitar a los hombres a rechazar a los violentos.

Necesitábamos historias reales que nos mostraran la gestación de la situación violenta, los signos que la denunciaban, los temores que fundaban el silencio y la complicidad de los próximos y la anemia social, y con suerte, descubrir las claves de las soluciones exitosas. Las novelas y los blogs nos ayudaron mucho más. También decidimos enfocar el problema desde el punto de vista de los tres actores involucrados: las mujeres, los hombres y los niños cuando existen. Sobre cada uno hicimos descubrimientos útiles que resultaron en el fundamento de la comunicación.

Los niños, mejor en paz

Niño_TC En contra de la creencia generalizada entre muchas mujeres de que los niños: aguanto por ellos, resultó que las historias nos demostraban una vez tras otra que el dolor emocional que soportan los hijos en una relación con maltrato no compensa en ningún caso la estabilidad material o la normalidad social que les pueda aportar el mantener la familia unida. El desarrollo equilibrado de un menor exige sobre todo paz. Por eso en el anuncio en el que ellos son los protagonistas podemos escucharles diciendo a sus madres: Por nosotros, hazlo (denuncia, vete).

Los hombres, el rechazo del clan

Hombres_TCPara un hombre machista su mujer no cuenta, pero las otras tampoco. Vive en un mundo de hombres. De hecho, la técnica de rehabilitación que se ha demostrado más efectiva para los maltratadores son los grupos de hombres, reuniones de agresores conducidas por psicólogos en los que comparten sus miedos y limitaciones. El mayor miedo de reconocer a las mujeres como personas: no ser hombre. Por eso, en el anuncio protagonizado por hombres, estos muestran rechazo hacia el maltratador y finalmente le increpan: Cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre.

Las mujeres, autónomas

Mujeres_TCLamentablemente no todas las mujeres tienen los mismos recursos personales y la capacidad de reacción cuando el agresor inicia su estrategia de control. La descalificación personal y la pérdida de autoestima diluyen las creencias, limitan los recursos e imposibilitan la reacción. Decidimos mostrar a una gran diversidad de mujeres que se reafirmaban en su derecho a vivir su vida según sus propias creencias: Visto como quiero, Conozco mis derechos.

Los videos de la campaña.