La inauguración del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) supuso en 1995 un hito determinante en la operación de remodelación del barrio del Raval en Barcelona y en la colaboración público / privada en el mundo cultural. La Fundación (privada) era la responsable de las adquisiciones mientras las instituciones públicas soportaban el presupuesto ordinario.
Los inicios del museo no fueron fáciles. El edificio blanco y transparente de Richard Meier se erigía solitario en medio de un nuevo espacio público que enseguida ocuparon los skaters; la obra de los grandes artistas contemporáneos se mostraba inasequible para la fundación, que debía construir una colección partiendo casi de cero en competencia con los grandes museos y coleccionistas de todo el mundo; la sucesión de directores nombrados por consenso entre todos los implicados no conseguí establecer una línea expositiva y argumental convincente.
En 1998 Manolo Borja Vilell fue nombrado director del museo proveniente de la Fundación Tapies en donde había realizado un trabajo espectacular desde la fundación de la misma. Su llegada al MACBA supuso realmente un nuevo comienzo: huía de la organización historicista, mostraba el contexto y las interrelaciones del arte con la sociedad, la cutura o la política de cada momento; descubría a los artistas que habían inspirado o coetáneos de los grandes totems ya conocidos; se abría a todo tipo de formas de expresión con especial atención a las instalaciones, el video y el sonido.
Poco a poco fué atrayendo a los públicos más exigentes y a trenzar relaciones con colectivos de la ciudad. El reconocimiento internacional también empezó a llegar. El décimo aniversario de la inauguración del museo era una oportunidad única para volverlo a presentar a la ciudad, esta vez como un proyecto innvador, con una línea definida y más reconocido fuera que dentro.
Hacía tiempo que queríamos hacer un proyecto juntos con Toni Segarra, y en cuanto me llamaron, lo llamé a él para colaborar. Las conversaciones con Manolo Borja eran de una intensidad tremenda: su concepción del museo era radicalmente nueva y su intención no era acercarse a los públicos, sino atraerlos para que descubrieran por sí mismos la visión del arte contemporáneo que el museo explicaba.
Durante el proceso fuimos modelando la oferta para ajustarla a la experiencia de visita. Algunas exposiciones sumaban 15 horas de video en su interior; estaba claro que no podían verse en un solo recorrido ni en una sola visita; la entrada a la exposición debía incluir el derecho a repetir. El museo ya no se recorría en cualquier momento, se “visionaba” también, y algunos videos y películas de cierta duración tenían programado sus horarios de inicio a lo largo del dia. Introdujimos una “agenda horaria” en el exterior para que el visitante pudiera planificar su visita en función de sus intereses. También lanzamos el “pase permanente” que permitía la entrada al museo durante un año.
Al final dimos con el concepto: “año 10, momento 0″; decía a la vez que cumplíamos 10 años y que nacia un nuevo museo. Era una invitación a la visita.
Carlitos y Patricia, entonces un equipo de Toni Segarra, encontraron la expresión creativa: una caja blanca -un poco mayor que una caja de zapatos- que tenía la inscripción “hola” en uno de sus lados y “macba: año 10 momento 0″ en el otro. El museo saludaba de manera directa e informal.
Las cajas fueron distribuidas por centenares de espacios culturales y locales del barrio y la ciudad; a la vez se enviaron a artistas y creativos para que filmaran películas cortas en los que la caja tuviera un papel, resultando en una colección que enviamos a los medios.
Antes de la celebración oficial todo el mundo sabía que el MACBA había iniciado una nueva etapa, y que formulaba una invitación abierta a conocerlo. La campaña obtuve un premio LAUS 2006.

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