El panorama de la televisión en España antes de la aparición de Cuatro y de la Sexta llevaba muchos años estancado. Las grandes cadenas de ámbito estatal o autonómico competían prácticamente con las mismas fórmulas por el grueso de la audiencia. Destacaba Tv3 que innovaba en formatos e imagen. Mientras, las segundas cadenas, ofrecían una programación especializada para audiencias minoritarias.
Cuatro tenía por objetivo ser una cadena generalista de nueva generación: rigurosa en el ámbito informativo y proporcionando entretenimiento de calidad a (casi) toda la población, específicamente al target comercial (adulto, urbano, educado, con una visa en la cartera). ¿Era posible? Empezamos a investigar.
Por un lado la oferta
Las televisiones generalistas se diferenciaban casi exclusivamente por el nivel de ruido que admitían en su programación. Por lo demás, estaba claro, programaban con criterios de audiencia mayoritaria según franjas horarias. Por las mañanas todos éramos mujeres entradas en años del sur de España interesadas en chismorreos; por las tardes todos niños; el fin de semana todos futboleros. ¡Más diversidad de cadenas que de programación real !
Analizando la comunicación de las cadenas nos encontramos también con bastante comunalidad: todas tenían vocación universal (eran para todos) y presentaban la televisión como un modo de entretenimiento grupal, básicamente familiar, el sustituto de la chimenea en el hogar.
Por otro, la gente
Sobre todo la gente que nos interesaba. Que ya estaba en otra cosa, en muchas otras cosas. Ya no vivía necesariamente en familia, o por lo menos en familia tradicional, y desde luego no vivía la tele como el momento familiar. Había más televisiones en las casas: en el dormitorio, en los cuartos de los adolescentes, en la cocina a veces. La tele era algo individual. Había más. Estaban empezando a abandonar la tele por aburrida y pasiva, y descubriendo las nuevas pantallas activas: internet, el móvil, los videojuegos irrumpían con fuerza. La tele, en muchas ocasiones, permanecía apagada o como ruido de fondo mientras se atendían otras actividades. La tele era ya una pantalla más.
Aunque lo pareciera, no le pedían mucho a la tele: simplemente entretenimiento. Tal como ellos lo entendían: contemporáneo en diseño, innovador en la forma e inteligente en el contenido.
Al final, la propuesta
Cuatro nació el 7 de noviembre del 2005. Con la pantalla en rojo dijo simplemente hola. Varios día antes, los soportes de exterior y gráfica habían mostrado superficies en rojo en los que la cadena se presentaba a sí misma con guiños de humor inteligente. Las primeras cortinillas que elaboramos desde El Sindicato mostraban esa nueva relación entre la tele y cada uno: en una al espectador le salían flores de la cabeza, en otra el propio mando cobraba vida.
Y el desarrollo
Los estudios posteriores nos enseñaron que esta opción radical había dado en la diana. Los jóvenes urbanos se habían identificado totalmente con la cadena, el resto de la población estaba perpleja. Habíamos conquistado la posición. Al cabo del tiempo, hasta los mayores apreciaban la frescura, la estética y el atrevimiento.
El crecimiento del 0% al 10% en dos años fue fascinante.
House nos demostró que cuando alguna emisión supera el 10% de audiencia se convierte en moneda social, es decir, puedes nombrarlo en una reunión de amigos y si alguien no lo conoce es su problema, no el tuyo. Ahí la tele cumple su función de medio masivo, hace cristal.
La segunda ola de crecimiento fue a raíz de los mundiales de fútbol.
Convertimos la televisión en el estadio y el estadio ¿recuerdan la Plaza de Colón? en la televisión, presentamos a los jugadores icono como personajes futuristas y la selección quedó bautizada como la roja para siempre.


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